martes, 20 de octubre de 2009

Desde el puente más alto del mundo

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El viaducto de Millau, obra de Norman Foster, se convierte en privilegiado mirador de las gargantas del Tarn y de La Jonte. Bienvenidos a la tierra del roquefort, los templarios y las grandes 'causses'.



Incrustada en el macizo central de Francia, la ciudad de Millau se ha convertido en el epicentro de un interesante plan de huida: una región lejos de todo -incluso de la cobertura telefónica en algunas de sus gorges-, pero igualmente cercana a la frontera pirenaica y repleta de posibilidades.

Reservas naturales, actividades al aire libre, rutas históricas en ciudades templarias, una exquisita degustación de auténtico queso Roquefort y una de las grandes obras de un arquitecto con estrella, Norman Foster: el puente más alto del mundo.

Blanco y esbelto, el viaducto de Millau queda lejos de la estridencia paisajística que se podrían presuponer a sus impresionantes dimensiones: 343 metros desde las aguas del río Tarn, sobre el que se eleva, hasta el punto más alto de sus siete pilares. Ideado por el arquitecto inglés Norman Foster, el puente más alto del mundo gana incluso en altura a la mismísima Torre Eiffel.

Además de unir el Causse du Larzac y el Causse Rouge, y acabar así con los atascos que colapsaban Millau para poder cruzar el río Tarn, esta majestuosa obra de ingeniería se ha convertido en reclamo turístico, como el Golden Gate en San Francisco. De hecho, se ha habilitado un pequeño mirador para contemplarlo al que se accede desde un área de servicio -se trata también del puente de carretera más elevado del planeta- que principalmente funciona como una oficina de turismo local.

info: El País

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